PROCESO DE APRENDIZAJE DE MI INSATISFACCION: parte final
Considerando que esta no es una nueva forma de trabajo, más bien, es la aplicación de otras experiencias y de otras vivencias, se advierte que introducir mecanismos distintos a los tradicionalmente utilizados se convierte en un proceso de disputa, particularmente, en sistemas focalizados a ciertas disciplinas que se apropian de lo técnico y de lo exacto.
Normalmente los asesores de las direcciones de servicio son profesionales o funcionarios que han tenido una lenta movilidad laboral, por cierto, reconocidos por sus méritos y capacidades la mayor parte de las veces, pero que se destacan más por su estado disciplinario que por los aportes que debieran proponer permanentemente. Que un extraño irrumpa con algo diferente, se entiende más como una desobediencia que una obediencia.
Sólo la comprobación de resultados y la imposición jerárquica pueden convertirse en aliados estratégicos para emprender nuevos rumbos. Lo contrario es arriesgar un camino sinuoso e interminable.
Lo fatídico. Una vez que, voluntaria o involuntariamente, se reconoce y se incorpora como una estrategia más, lo que podríamos llamar “institucionalización de una nueva forma de trabajo”, se asimila y desarrolla bajo moldes y paradigmas que desnaturalizan la esencia del proceso. Se suspende la innovación y el desafío al cambio, a lo incierto. Ante esto, el suicidio, la alineación, el desgano.
Ser funcionario público implica un doble vínculo: ser quieto o inquieto. Me inclino por lo último. Siempre intentar y reintentar lo novedoso antes que rendirse al hábito inveterado que padece la administración pública.
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